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Todo por amor: Las bases astrológicas de Antonio y Cleopatra

Traducción hecha por Javier Güelfi, con la asistencia de Leah Cuperman.

 

 

Hay muchas referencias astrológicas en las obras de Shakespeare. La mayoría de estas carecen de relevancia astrológica. Cuando escuchamos sobre amantes contrariados por las estrellas, por ejemplo, no se supone que nos preguntemos qué estrellas los afectan, ni Shakespeare tenía en mente configuración celestial alguna. Algo de esto tiene un interés pasajero para nosotros los astrólogos, como cuando en la Comedia de los errores, el adivinador convence a Dromio de sus habilidades indicándole “qué marcas privadas tenía en mi cuerpo, como la marca en mi hombro, el lunar en mi cuello, la gran verruga en mi brazo derecho”, tal y como William Lilly, pocos años después, afirmaba poder hacer con sólo mirar una carta. El adivino en Antonio y Cleopatra da una aguda definición de nuestra práctica diciendo que “En el infinito libro secreto de la Naturaleza / Un poco puedo leer”. Sin embargo, Antonio y Cleopatra también trata sobre astrología en un nivel más profundo.

 

En medio de de un elenco de miles, equivalente al isabelino, existen tres personajes principales. Marco Antonio, el guerrero poderoso – o el alguna vez poderoso –es comparado con Marte desde las primeras líneas de la obra. A Cleopatra se la relaciona, casi tediosamente, con la Luna: con la mismísima Luna; con Isis, la diosa lunar; con el Nilo, el río que rige la Luna. Octavio es César, la imagen terrenal del Sol. Si una persona Marte y una persona Sol llegan al lugar regido por la Luna, ¿Cuál de ellos saldrá triunfante? Esta es una pregunta simple para cualquiera con un conocimiento básico de astrología; sin embargo, en esto se basa la trama de toda la obra, aquello que le da la estructura a la aparentemente menos estructurada de las obras de Shakespeare, una pieza laberíntica que desafía una producción exitosa sobre un escenario que no esté en la mente del lector. Todo lo demás en esa obra es una ilustración sobre el desarrollo de este tema básico.

 

El lugar que rige la Luna es Cáncer. Si Marte entra en Cáncer ¿Qué le sucede? Está en su triplicidad, así que le gusta estar ahí: “¡Dame más! ¡Dame más!” Sin embargo, también está en el signo de su caída. Así que cuando Antonio – el Sr. Marte – entra en el lugar que rige Cleopatra, Antonio está en su caída. Él es derribado. Shakespeare nos muestra esto repetidamente, del modo más literal. En la primera escena, cuando Antonio manda a Roma a derretirse y se jacta sobre su estilo de vida con Cleopatra, exigiendo que el mundo vea que “nos ponemos de pie sin par”, esto es un chiste, ya que está demasiado ebrio para ponerse de pie – como inmediatamente comenta Cleopatra. Ni su ardiente deseo ni los vehementes encantos de Cleopatra logran que se ponga de pie en otros sentidos, lo cual se nos muestra repetidamente, al igual que el ebrio en el que se ha convertido. Esa imagen marcial se ha deshecho. Ibn Ezra describe el signo de la caída de un planeta como “la casa de su deshonra”, una lectura apropiada del Marte en Cáncer de aquí. Sin embargo, Octavio – el Sr. Sol – puede aparecerse en la casa de la Luna sin ningún efecto adverso.

 

¿Quiere decir esto que Shakespeare tenía la astrología en mente mientras escribía esta obra? Lo dudo. Existe una estructura de la realidad, un esqueleto a partir del cual el cosmos se materializa. Si se cava lo bastante profundo, cualquier artista puede encontrarse con este esqueleto. No importa el ángulo por el que se acerque, siempre es el mismo esqueleto, el mismo patrón, ya que éste es el único patrón a partir del cual se hizo el cosmos. Esto es lo que hace que los grandes artistas sean grandes: son aquellos con las palas largas y los hombros lo bastante fuertes como para cavar hasta esa profundidad que todo ser humano puede reconocer, sin importar las generaciones que se sucedan. Vemos tal estructura en las escrituras; la vemos en Homero, Virgilio, Dante: aquellos que se acercaron a la fuente de la verdad. Esta misma estructura es la que estudiamos en astrología. Que esté confeccionada de esta manera y no de otra, es la razón por la cual la astrología funciona, por la cual la astrología tiene sentido en términos lógicos y simples. Ya que de este modo fue hecha la Creación.

 

El tema aquí es una pregunta fundamental para la literatura, e incluso para toda la cultura occidental: ¿De qué lado del Mediterráneo estás? ¿El lado bueno o el lado divertido? El Mediterráneo, en esencia, es lo mismo que el mar Rojo: es lo que divide el camino del destino de los espirales de la vida puramente material. Es en estos espirales en los que Antonio queda irremediable y fatalmente enredado. Los lujos de Egipto, llenos de pepinos y ajo, tenían su atractivo, en especial mientras Israel vagaba por el desierto. Fue allí, como nos dice Homero, donde Helena aprendió de Polidamna sobre cómo liar cigarros de marihuana. En la costa africana estaba la tierra de los comedores de loto, en donde aquellos viajeros que prueban el loto por primera vez “olvidan el camino de regreso a su hogar”. Fue allí donde Dido tentó a Eneas para quedarse jugando con ella. Tampoco se sugiere que este juego haya sido malo: era un espiral muy atractivo para alejarlo de su camino. Sin embargo, él era Eneas el beato y no se alejaría de su destino – aunque, como en las guerras Púnicas la historia tomó la cualidad de un mito, fue una larga lucha no dejar caer bajo el dominio cartaginés a la ciudad que por derecho divino estaba destinado a fundar.

 

En términos astrológicos, esta es la batalla del Sol contra, más o menos, todo lo demás. Lo único en el cielo que se mantiene en un camino recto es el Sol, que sigue su eclíptica mientras los otros planetas vagan de arriba hacia abajo. Eneas debía mantener su camino recto, y por haberlo hecho se identifica a sí mismo como el héroe solar, por eso la ciudad que debe fundar tiene como símbolo al águila, un ave solar. La importancia de la fundación de Roma radica en que sería bajo el imperio romano, durante el reinado de Octavio como César Augusto, que Dios encarnaría. Esa es la razón por la cual Shakespeare considera importante la historia de Antonio y Cleopatra. No se trata solo de un soldado que se emborracha, se enamora y pierde una batalla: está en juego la totalidad de la historia humana.

 

Antonio – el Sr. Marte – quiere ser emperador. Intenta ser el héroe solar, pero no lo es, ya que sólo es Marte. Marte es incapaz de mantener la línea recta, simplemente porque no es el Sol y sólo el Sol puede hacerlo. Antonio debe luchar contra Octavio. Antonio tiene un ejército mucho más grande y mejores soldados: está obligado a ganar. Pero está regido por la Luna, por lo que renuncia a esta gran ventaja, haciendo caso a Cleopatra y luchando en el agua. En el fragor de la batalla, Cleopatra y su flota escapan repentinamente. Antonio, “como un pato delirante”, escapa tras ella. Todo está perdido. ¿Cómo pudo Cleopatra hacer esto? Qué más podía hacer, ella es la Luna, y cuando la Luna se opone al Sol, vira en su curso y se encoge.

 

Luego el Sr. Sol llega a Egipto, la casa de la Luna. Con ojos y pies bien firmes en el camino recto, no cae bajo el poder de la Sra. Luna. En su lugar, es ella quien es dominada por él. Como descubre Antonio, “Nuestra Luna terrenal/Ahora es eclipsada, y solo presagia/La caída de Antonio.” Aquí reside la verdad de esta historia, su fascinación inmortal: los personajes fueron creados a partir de ese esqueleto en las profundidades mismas de la vida, a partir de las leyes de los planetas, que son las leyes por las cuales funciona el cosmos. Marte siempre se comportará como Marte, la Luna como la Luna, el Sol como el Sol.